26/10/14
IRMA ÁLVAREZ LAVIADA SOBRE "APILACIONES"
19/6/12
EFECTOS NAVALES: LA NAVAL + ARQUA
19/5/12
EXPO ARQUA
Algunas vistas de la exposición "De héroes y travesías. Tiempos encontrados", hasta el 30 de junio en el ARQUA.
Fotos: J.M.Díaz Burgos
18/4/12
AC01 ARTISTAS DE LA COLECCIÓN LA NAVAL
JOSÉ LUIS SERZO: Los señores del bosque. Galería Blanca Soto
ANDREA BLOISE: Imaginario
ANDREA SANTOLAYA: Diálogos. Galería Rayuela
ROSELL MESEGUER: Welcome to my loft. Centro Torrente Ballester
CASTRO PRIETO + MARTN CHAMBI: PERU. Museo Municipal de San Fernando
PACO POMET: Breve manual de Antropología. Galería My Name's Lolita Art.
14/4/12
DE HÉROES Y TRAVESÍAS. LA NAVAL + ARQUA
29/5/10
ÁNGELA ACEDO Y JUANA JORQUERA EN PALACIO DE MOLINA, CARTAGENA.

En otoño de 2007 las pintoras Ángela Acedo y Juana Jorquera tomaron un tren desde su ciudad, Cartagena, hasta el sitio más lejano al que les podía llevar ese medio de transporte: la ciudad francesa de Montpellier.La estancia no fue muy larga y sus circunstancias no nos interesan demasiado porque el verdadero viaje se desarrollaría en los siguientes meses en los estudios de las artistas, recreando, alargando y viviendo unas distancias menos tangibles pero mas fascinantes, unos kilómetros hechos de memoria, deseos y sueños, recorridos sobre pinceles en vez de raíles, sobre un mapa de lienzo y propulsión al óleo.Podemos ver en las obras que forman esta exposición cómo la realidad no es algo tan mensurable como pensamos, cómo la experiencia de cada uno hace que un mismo objeto, hecho o circunstancia sea tremendamente diferente según el color con que se mira, o los ojos con los que se pinta.Aquí no veréis Cartagena ni Montpellier, ni un tren ni un trayecto, ni humo, carbonilla ni chispazos eléctricos: apenas un licor doblemente destilado en una botella en la que caben todos los barcos del mundo. Destino: el país de la Pintura.
24/5/10
CHARRIS EN T20 MURCIA 27.5.2010
Jueves, 27 de mayo de 2010, a las 20h1/4/10
EL JUEGO DE LA PINTURA EN CANCHA DOBLE
Gonzalo Sicre redobla la belleza de lo banal en «Ni el principio ni el fin», la individual que exhibe en Gema Llamazares (Gijón)
La de Gonzalo Sicre (Cádiz, 1967), que acaba de inaugurar en la galería Gema Llamazares su primera individual en Asturias, es una de las pinturas más ricas y depuradas dentro de esa atmósfera común. Fiel al gusto de su autor por los títulos que, más que fijar conceptos, predisponen a la sugerencia, «Ni el principio ni el fin» reúne la obra más reciente del pintor afincado en Cartagena, ciudad que junto a Valencia ha ido concentrando por pura afinidad electiva a este grupo de artistas. Quien haya seguido el trabajo de Sicre se encontrará con un mundo perfectamente conocido: paisajes urbanos o suburbiales; arquitecturas cotidianas; luces crepusculares o nocturnas; figuras cuyo anonimato y cuya ausencia casi absoluta de tensión dramática representan el hermetismo que convierte en un misterio incluso los más insignificantes de los seres en las más insignificantes de sus acciones: una mujer que se mueve en la intimidad de su dormitorio; una luz que se enciende en una vivienda o en el luminoso de un hotel; una pareja que camina por la escalinata de un parque; la aproximación de unos faros desde la oscuridad de un túnel o una muchacha que consulta lo que parece un plano en mitad de una arboleda.
Pero, sobre todo, más allá de cualquier adscripción a neometafísicas o neofiguraciones, a vanguardias pictóricas italianas o al realismo de lo suburbano y lo banal que ostenta con toda deliberación la marca de Hopper, lo que el espectador va a encontrar en «Ni el principio ni el fin» es pura pintura: rigurosas composiciones, cuidadas armonías cromáticas, dominio técnico y conceptual al servicio de una concepción del cuadro como recinto en el cual el tiempo se coagula en espacio. Ahí reside la verdadera metafísica que suscribe Sicre; en su forma de participar de lleno en el misterio y el milagro que Velázquez formuló de manera insuperable en «Las Meninas»: la congelación de la realidad cotidiana, mediante su reducción a intemporales valores plásticos, en la realidad paralela del cuadro.
Para practicar ese juego supremo de la pintura, Sicre recurre en esta ocasión a una novedad conceptual respecto a su obra anterior: la duplicación del terreno de juego. Casi todos los temas que aborda en «Ni el principio ni el fin» aparecen organizados en series de dos cuadros en los que el tema aparece reflejado con alguna pequeña variación: la luz, la hora del día, el ángulo de visión, la posición o la actitud de las figuras. Mediante este artificio, parece incrementarse una ambigua tensión narrativa o dramática, que invita a pensar redobladamente -literalmente: dos veces- en lo que ha podido suceder antes o después del momento que recogen los cuadros. Pero lo que ha sucedido o va a suceder es posiblemente lo mismo: nada. O nada importante, al menos. Nada que distraiga de lo que -parece subrayar Sicre mediante su insistencia en estas pequeñas variaciones- está sucediendo realmente en su pintura, que es el acontecimiento de la pintura misma, el descubrimiento, por partida doble en este caso, de la belleza en cualquier tramo del espacio y en cualquier momento del tiempo y, si acaso, la revelación de que el mundo puede ser mirado de nuevo con los mismos ojos con los que el pintor lo mira, lo depura, lo sintetiza y lo transfiere al lienzo. Ojos que reinventan la realidad y crean, dentro de ella, otra realidad nueva.
15/12/09
10/11/09
GONZALO SICRE EN GALERÍA TRAMA, BARCELONA
7/11/09
EL ARROJO DE LA SOMBRA
El arrojo de la sombra
Paco de la Torre
Galería Antoni Pinyol
Reus. 6 de noviembre. 2009
La galería catalana Antoni Pinyol expone la obra reciente del artista Paco de la Torre (Almería, 1965). Su nueva serie pictórica está basada en las conexiones entre los procesos automáticos y la arquitectura. Una reflexión sobre el ilusionismo de la geometría y el poder de la sombra.
Estas dos líneas de investigación en las que trabaja De la Torre -la memoria y el automatismo- se yuxtaponen arrojando nuevas imágenes en sus lienzos. “Mi devenir necesita de una representación para orientarse”.
Construcción de la memoria
Paco de la Torre desarrolla su sensibilidad hacia la arquitectura en Almería, donde pasó su infancia rodeado de la obra del arquitecto racionalista Guillermo Langle. Una arquitectura que permaneció anónima e invisible hasta que una necesidad brusca se le reveló inesperadamente. Un proceso de búsqueda sobre el origen de una obsesión por la arquitectura fraguada a la sombra de la obra langliana. En 2005 Paco de la Torre inicia un trabajo de recuperación de esta obra, comisariando una exposición-homenaje que incluyó una serie pictórica: “El Arquitecto Invisible”. Esta serie fue su primer acercamiento a la arquitectura racionalista a través de la pintura. Pero las construcciones de corte racionalista ya están presentes en la obra de Paco de la Torre desde su estancia en Milán a finales de los años ochenta ("Tejiendo redes", 1989). La casa cubo de la tradición mediterránea -la casa esencial de cuatro muros, puerta y ventana- conecta automáticamente con los principios racionalistas. Un camino entre la tradición y la vanguardia por el que deambula la obra del autor. Un espacio, también, entre la figuración y la abstracción que comparte con la nueva figuración española.
Automatismo de las formas
El automatismo que destilan los dibujos más abstractos de Paco de la Torre conforman la vía del “marcianismo”, como la denomina el escritor Adolfo Barberá, una línea de trabajo en la que busca darle cuerpo al dibujo en la pintura. Los dibujos son representados en esta ocasión, bien como ausencia de color, bien como paisajes mentales en los que se edifican los proyectos arquitectónicos rescatados de la revista AC. El ornamento propio de los automatismos -patrones mentales que responden a la intersección de la motricidad manual, los restos neuronales y el humor vítreo- se hibrida con la geometría esencial, la forma arquitectónica, perseguida en las obras racionalistas. Y la sombra como nexo entre los volúmenes. Una sombra arrojada, intrépida, osada, sin luz, no siempre ciega.
La sombra arroja luz
La arquitectura sobre la que trabaja De la Torre corresponde al tiempo de vanguardia. Un trabajo de arqueología de la modernidad centrada en la mítica revista AC. Documentos de Actividad Contemporánea fue, en los años treinta del siglo XX, el medio de comunicación de los arquitectos mo-dernos agrupados bajo las siglas GATEPAC. En sus páginas se recogen los hitos del racionalismo en Cataluña y España. Unas construcciones olvidadas por la historia que se convierten por el poder de la pintura de nuevo en iconos. La descontextualización de la fotografía histórica, la recreación de los documentos y la elevación de las edificaciones a partir de planos son las estrategias que utiliza el autor para enfrentarse a la construcción esencial de Sert, Illescas, Mercadal, Gutierrez Soto, Edo, Langle… entre otros. Una pintura que es capaz de hacer visible la imagen dando cuerpo a lo imaginario.
Para la ciencia, la sombra arrojada será la intersección del cono de la som-bra, generado por la línea generatriz y las formas que abraza. Pero la som-bra y el clarooscuro, junto a la perspectiva, son las armas de la pintura Metafísica, otro referente importante en la obra de De la Torre. Una pintura en la que las sombras tienden al infinito, borrando las huellas del tiempo. Donde la geometría se modela por el juego de la sombra, recta y versa, sin hacer distingos entre el atardecer o el amanecer.
La sombra, en este caso, arroja luz sobre el asunto. Una paradoja de las que tanto le gustan al autor de estos cuadros.

























